Los ciudadanos ya no
soportan la incomodidad de este medio de transporte, de ser el más importante
pasa a ser el más incómodo, las estaciones ya no dan basto, el número de personas es excesivo, el resultado se ve en
las largas filas que muchas veces llega hasta el final de algunos puentes
peatonales que dan entrada a las estaciones del sistema.
La llegada
de un bus hace que los usuarios saquen lo peor de sí en el momento de entrar en
el bus. La gente se empuja, se golpea se pisotea entre sí, todo es caos, no hay
orden por parte del personal de Transmilenio. Los “amigos de lo ajeno”
aprovechan el desorden para robar billeteras, celulares, reproductores de
música y otros objetos de valor que los pasajeros llevan a la mano. Muchas
personas no respetan las sillas de color azul que están destinadas para las
personas discapacitadas, mujeres embarazadas o con niños en brazos y adultos
mayores; hay otros que piden la silla de mala manera, como si fuera obligación
ceder la silla. Las madres con hijos recién nacidos, muchas de ellas entran al
articulado con coche, incomodan a los demás pasajeros, invaden el espacio
destinado para ubicar las sillas de ruedas y algunas, no contentas con esto,
piden una silla azul. Esto es apenas el comienzo…
Los
vendedores ambulantes, ahora son parte del paisaje en Transmilenio. Estaciones
como Banderas, Ricaurte y los Portales son blanco de los vendedores informales
que ofrecen productos como: Cocadas, cucas, manjar blanco, etc. Y que, sin
discriminar, dan mal aspecto al sistema, generan total incomodidad e incomodan
el paso de los pasajeros. Pero no solo los vendedores ambulantes se han tomado
las estaciones, en los articulados, de un tiempo para acá, se han visto
vendedores que ofrecen sus productos, otros solo se dedican a pedir dinero, y
también se ven “testigo de Jehová” predicando la “palabra del señor” dentro de
los buses. La mayoría de ellos, por no decir que todos, se cuelan en el sistema;
aprovechan que un articulado hace una parada para poder ingresar por las
puertas de vidrio sin pagar el pasaje, arriesgando su propia vida y la
seguridad del conductor y de los pasajeros.
Con
respecto a las personas que se cuelan en el sistema, fenómeno que se ha visto
en los últimos años, estas aprovechan que los buses rojos hacen una parada para
poder entrar al sistema por un costado e ingresar por las puertas automáticas
de vidrio. Se han visto muchos accidentes en el sistema por este tipo de actos,
de los cuales ha habido víctimas mortales. Aún no hay un nivel de conciencia en
la sociedad bogotana que mida las consecuencias de las consecuencias de este
tipo de actos, las personas que hacen esto piensan que su vida vale 1700 pesos.
Y la falta
de respeto más grave que se puede concebir dentro de Transmilenio es la de las
personas que se suben con parlantes, escuchando música a todo volumen, música,
que personalmente, es de mal gusto, incomoda a los usuarios y como ya lo decía
anteriormente, es una falta de respeto. En este tipo de actos se ve la falta de
cultura de mucha gente. Transmilenio se pensó, en sus inicios, como un sistema
en el que se podía viajar tranquilo, pero eso, al parecer ya se está acabando.
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